Alergias de otoño y molestias que no deberías normalizar

Con el cambio de estación pueden reaparecer estornudos, congestión, picor de ojos o tos persistente. Los ácaros, el moho y otros alérgenos también están presentes en otoño. Aprende a reconocer las señales y descubre cuándo conviene consultar con un especialista.

Estornudos al levantarte, congestión nasal que parece no desaparecer, picor de ojos, tos recurrente o esa sensación de tener siempre la garganta irritada. Con la llegada de septiembre y el cambio de estación, es fácil atribuir estas molestias a un resfriado, al descenso de las temperaturas o simplemente a la vuelta a la rutina. Sin embargo, detrás de algunos de estos síntomas pueden encontrarse las alergias de otoño.

Aunque solemos asociar las alergias respiratorias con la primavera, los alérgenos no desaparecen cuando termina el verano. Los ácaros del polvo, las esporas de determinados hongos, la caspa de animales y algunos pólenes pueden provocar síntomas durante el otoño. Además, pasar progresivamente más tiempo en espacios interiores modifica nuestra exposición a algunos de estos desencadenantes.

La clave no está en alarmarse ante cada estornudo, sino en aprender a reconocer cuándo una molestia es puntual y cuándo se está convirtiendo en un problema recurrente que merece una valoración médica.

Las alergias no terminan con la primavera

La primavera concentra gran parte de la atención sobre las alergias debido a la elevada presencia de determinados pólenes. Sin embargo, existen alérgenos tanto en espacios exteriores como interiores y algunos pueden estar presentes durante buena parte del año.

La Comunidad de Madrid señala entre los alérgenos habituales el polen, los ácaros del polvo, las esporas de moho y la caspa de los animales, entre otros.

En otoño, además, se produce un cambio importante en nuestros hábitos. Cerramos más las ventanas, recuperamos mantas y ropa que llevaba meses guardada, pasamos más horas en casa y ponemos progresivamente en funcionamiento los sistemas de calefacción.

Esto no significa que el otoño provoque por sí mismo una alergia. Lo que cambia es el entorno y, con él, nuestra exposición a determinados alérgenos.

Por eso, una persona sensibilizada puede notar que síntomas que apenas aparecieron durante el verano vuelven a hacerse presentes en septiembre, octubre o noviembre.

Ácaros y humedad, dos factores que conviene tener en cuenta

Los ácaros del polvo doméstico son una causa frecuente de alergia respiratoria. Se encuentran especialmente en lugares donde pueden acumularse restos orgánicos, como colchones, almohadas, alfombras, sofás, mantas o determinados tejidos.

Una de las pistas que puede hacer sospechar una alergia a los ácaros es que las molestias sean especialmente evidentes dentro de casa o al levantarse por la mañana.

Por ejemplo, pueden aparecer:

  • Estornudos repetidos nada más despertar.
  • Congestión o secreción nasal.
  • Picor de nariz o garganta.
  • Ojos irritados o llorosos.
  • Tos recurrente.
  • Empeoramiento de síntomas respiratorios en personas con asma.

También debemos prestar atención a la humedad. Las esporas de hongos son partículas microscópicas que pueden permanecer suspendidas en el aire y desencadenar síntomas respiratorios en personas sensibilizadas.

Esto hace especialmente importante vigilar las habitaciones con condensación, baños mal ventilados, sótanos, trasteros y cualquier zona de la vivienda en la que aparezca humedad o moho visible.

No todo lo que parece un resfriado lo es

Una de las dificultades de las alergias de otoño es que coinciden con una época en la que también comienzan a aumentar las infecciones respiratorias.

Congestión, estornudos, tos o molestias de garganta pueden aparecer tanto en procesos infecciosos como en determinadas alergias. Por eso, no siempre es sencillo distinguirlas únicamente por un síntoma.

Existen, no obstante, algunas pistas.

En la rinitis alérgica son frecuentes los estornudos repetidos, la secreción nasal acuosa, el picor en nariz, ojos o garganta, la congestión y, cuando existe afectación ocular, el lagrimeo y enrojecimiento de los ojos.

Además, los síntomas pueden repetirse en circunstancias concretas. Quizá aparezcan cada vez que limpias una habitación, al sacar una manta del armario, cuando permaneces en determinados espacios o durante unas semanas concretas del año.

Las infecciones respiratorias pueden presentar una evolución diferente y acompañarse de otros síntomas. Pero intentar autodiagnosticarse exclusivamente por estas diferencias tampoco es recomendable.

Cuando las molestias se prolongan, se repiten o interfieren con tu actividad diaria, identificar su origen es mucho más útil que acostumbrarse a convivir con ellas.

Señales que no deberías normalizar

Tener algún estornudo o congestión ocasional no significa necesariamente padecer una alergia. Lo importante es observar la frecuencia, duración e intensidad de los síntomas.

Conviene prestar especial atención cuando aparecen situaciones como estas:

  • Congestión nasal que se mantiene durante semanas.
  • Estornudos frecuentes y repetitivos.
  • Picor habitual en nariz, garganta u ojos.
  • Lagrimeo y enrojecimiento ocular recurrentes.
  • Tos que aparece con frecuencia sin una causa evidente.
  • Síntomas que se repiten en determinados lugares o épocas del año.
  • Alteraciones del descanso debido a la congestión.
  • Molestias que afectan al rendimiento laboral, escolar o a las actividades cotidianas.
  • Empeoramiento de un asma previamente diagnosticada.

Tampoco debemos normalizar la sensación de falta de aire, las sibilancias —el característico silbido al respirar— o la opresión en el pecho. Estos síntomas requieren una valoración adecuada, especialmente si son intensos o aparecen de manera repentina.

Y existe una diferencia importante entre estas molestias y una reacción alérgica grave. La dificultad importante para respirar, la inflamación de la cara, lengua o garganta, el mareo intenso o la pérdida de conocimiento pueden formar parte de una reacción grave y requieren atención médica urgente.

Pequeños cambios en casa que pueden ayudarte

Cuando existe una alergia conocida, reducir la exposición al alérgeno forma parte de las medidas que pueden ayudar a controlar los síntomas. Sin embargo, las recomendaciones deben adaptarse al desencadenante concreto de cada persona.

Si existe sensibilidad a los ácaros, hay algunas medidas domésticas sencillas que pueden resultar útiles.

Ventila y controla la humedad

Mantener una vivienda correctamente ventilada y evitar un exceso de humedad dificulta la proliferación de ácaros y la aparición de moho.

Presta especial atención a dormitorios, baños y habitaciones poco utilizadas. Si observas condensación frecuente o manchas de humedad, no conviene limitarse a limpiarlas: es importante identificar y corregir el origen del problema.

Reduce los lugares donde se acumula el polvo

Alfombras, moquetas, cortinas muy gruesas, peluches y numerosos objetos textiles pueden acumular polvo.

No es necesario convertir la vivienda en un espacio completamente vacío, pero sí puede ser útil simplificar especialmente el dormitorio de una persona con alergia confirmada a los ácaros.

Presta atención a la ropa de cama

Colchones, almohadas y ropa de cama son lugares donde pueden encontrarse ácaros. Una limpieza regular y las medidas específicas recomendadas por el especialista pueden reducir la exposición cuando existe sensibilización.

Limpia sin levantar más polvo

Pasar un paño húmedo por las superficies y utilizar sistemas de aspiración adecuados puede ser preferible a métodos que simplemente vuelvan a poner el polvo en suspensión.

Estas medidas deben entenderse como apoyo. Si tienes síntomas persistentes pero desconoces qué los provoca, eliminar alimentos, mascotas, plantas o realizar cambios extremos en casa sin un diagnóstico puede ser innecesario.

El otoño también puede afectar a las personas con asma

Existe una relación importante entre alergia respiratoria y asma. Los alérgenos pueden actuar como desencadenantes en determinadas personas y provocar o agravar síntomas como tos, dificultad para respirar, sensación de presión en el pecho o sibilancias.

A esto se suma que durante los meses más fríos entran en juego otros factores, como las infecciones respiratorias, el aire frío o una mayor permanencia en espacios cerrados.

Por este motivo, una persona con asma que perciba un cambio significativo en sus síntomas no debería asumir simplemente que “es por el cambio de tiempo”.

El tratamiento prescrito para el asma tampoco debe modificarse o suspenderse por iniciativa propia. Si aparecen más síntomas de lo habitual o el tratamiento parece controlar peor la enfermedad, es recomendable consultarlo con un profesional sanitario.

Saber qué provoca la alergia cambia la forma de afrontarla

Tomar un antihistamínico ocasionalmente puede aliviar determinados síntomas en algunas personas, pero aliviar una molestia y conocer su causa son dos cuestiones diferentes.

Cuando existe sospecha de una enfermedad alérgica, el proceso diagnóstico comienza con algo tan importante como la historia clínica. Saber cuándo aparecen los síntomas, cuánto duran, dónde empeoran, si existe estacionalidad o si hay antecedentes de asma, dermatitis u otras alergias aporta información relevante.

Dependiendo del caso, el especialista puede valorar la realización de pruebas específicas, entre ellas pruebas cutáneas o determinados análisis de sangre.

El objetivo es identificar, cuando sea posible, a qué sustancias está sensibilizada la persona y comprobar si esa sensibilización explica realmente sus síntomas.

A partir de ahí, el abordaje puede ser mucho más preciso. Las medidas para alguien con alergia a los ácaros no tienen por qué ser las mismas que para una persona alérgica a determinados pólenes.

También existen diferentes opciones terapéuticas en función del diagnóstico y la gravedad, desde medidas para reducir la exposición hasta tratamientos farmacológicos y, en determinados pacientes, inmunoterapia específica. La indicación debe realizarse de manera individualizada por un profesional.

Un pequeño registro puede ayudarte antes de la consulta

Si llevas varias semanas con molestias, puedes anotar durante unos días cuándo aparecen. Es una acción sencilla que puede aportar información útil durante la consulta.

Puedes registrar:

  • Momento del día en el que empeoran los síntomas.
  • Lugares donde aparecen con mayor intensidad.
  • Presencia de animales.
  • Actividades realizadas antes de que comiencen.
  • Cambios recientes en casa o en el trabajo.
  • Síntomas concretos y duración.
  • Medicación utilizada y respuesta obtenida.
  • Si los síntomas mejoran al pasar varios días fuera de casa.

No se trata de realizar tu propio diagnóstico, sino de detectar patrones que a veces pasan desapercibidos cuando intentamos recordarlos semanas después.

Llegar al diagnóstico permite dejar de convivir con las molestias

Acostumbrarse a respirar por la boca porque la nariz siempre está congestionada, asumir que cada mañana toca empezar el día estornudando o pensar que tener los ojos irritados durante semanas es algo inevitable no debería convertirse en la norma.

Las alergias de otoño pueden confundirse con otras afecciones y no todas las personas necesitan el mismo tratamiento. Por eso, cuando los síntomas persisten o se repiten, una valoración profesional permite estudiar qué está ocurriendo y decidir las medidas más adecuadas.

En Clínica Wellcare Médica contamos con servicio de Alergología en Parla e Illescas, donde nuestros especialistas pueden valorar síntomas compatibles con alergia, estudiar sus posibles desencadenantes y orientar el tratamiento más adecuado para cada caso.

Si llevas tiempo conviviendo con congestión, estornudos, picor, tos u otras molestias recurrentes, septiembre puede ser un buen momento para dejar de normalizarlas.

Pide cita en Clínica Wellcare Médica y da el primer paso para conocer qué hay detrás de tus síntomas.