Problemas digestivos en verano y claves para cuidar tu estómago

El calor, los cambios de horarios, las comidas fuera de casa y una mala conservación de los alimentos pueden pasar factura al sistema digestivo. Repasamos cómo prevenir las molestias más habituales del verano y qué síntomas conviene consultar.

Vacaciones, comidas fuera de casa, cambios de horarios, viajes, terrazas, barbacoas y temperaturas elevadas. Durante el verano modificamos muchas de nuestras rutinas y nuestro sistema digestivo también puede notarlo. Diarrea, acidez, digestiones pesadas, dolor abdominal o episodios de gastroenteritis son algunas de las molestias que pueden aparecer con mayor facilidad en esta época.

Los problemas digestivos en verano no tienen una única causa. En ocasiones están relacionados con excesos o cambios bruscos en la alimentación; en otras, con una conservación inadecuada de los alimentos, una infección gastrointestinal o la descompensación de un problema digestivo que ya existía.

La mayoría de las molestias puntuales evolucionan favorablemente, pero es importante saber qué podemos hacer para prevenirlas y reconocer aquellas señales que justifican una valoración médica.

Por qué el verano puede alterar nuestra digestión

No es necesario que exista una enfermedad para notar cambios digestivos durante las vacaciones.

Podemos pasar de unos horarios relativamente estables a desayunar más tarde, comer a horas diferentes y cenar cerca de la medianoche. También aumentan las comidas en restaurantes, aperitivos, helados, bebidas alcohólicas, refrescos y platos diferentes a los que consumimos habitualmente.

A esto se suman los viajes, una hidratación que en ocasiones resulta insuficiente y cambios en nuestra actividad física.

Todo ello puede traducirse en digestiones pesadas, gases, estreñimiento, diarrea o acidez en personas que habitualmente no presentan estos síntomas. Quienes ya tienen reflujo, síndrome del intestino irritable u otros trastornos digestivos pueden notar también cambios relacionados con sus nuevas rutinas.

La clave no está en renunciar a disfrutar de las vacaciones, sino en evitar que todos los cambios se produzcan a la vez y durante varios días consecutivos.

El calor también afecta a la seguridad de los alimentos

En verano debemos prestar especial atención a algo que no depende directamente de nuestro estómago: la conservación de los alimentos.

Las temperaturas elevadas favorecen el crecimiento de determinados microorganismos y un alimento contaminado puede tener un aspecto, olor y sabor aparentemente normales.

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición establece requisitos específicos de temperatura para diferentes productos y recuerda la importancia de una manipulación y conservación adecuadas. Mantener la cadena de frío cobra todavía más importancia durante los meses de calor.

Esto resulta especialmente relevante cuando llevamos comida a la playa, hacemos un picnic, organizamos una barbacoa o transportamos alimentos durante un viaje.

Una nevera portátil no convierte cualquier alimento en seguro durante todo el día

Preparar comida en casa para llevarla a la piscina o la playa es habitual, pero debemos tener en cuenta cuánto tiempo permanecerá fuera del frigorífico y cómo vamos a conservarla.

Los alimentos que necesitan refrigeración deberían transportarse en una nevera portátil con acumuladores de frío y mantenerse dentro hasta el momento de consumirlos. También conviene colocar la nevera a la sombra y abrirla únicamente cuando sea necesario.

Hay otro detalle importante: los alimentos crudos deben mantenerse separados de aquellos que ya están cocinados o listos para comer para evitar contaminaciones cruzadas.

Frutas cortadas, ensaladas preparadas, determinados postres, carnes, pescados y otras elaboraciones pueden necesitar unas condiciones de conservación que no siempre se mantienen correctamente durante una jornada completa al aire libre.

Cuando existen dudas sobre cuánto tiempo lleva un alimento fuera de refrigeración o sobre sus condiciones de conservación, asumir que “parece estar bien” no es una garantía de seguridad.

Diarrea y gastroenteritis no siempre son simplemente algo que nos ha sentado mal

Uno de los problemas digestivos más habituales durante los viajes y las vacaciones es la diarrea aguda.

Puede aparecer acompañada de dolor abdominal, náuseas, vómitos, fiebre o malestar general. Las causas son diversas y pueden incluir infecciones transmitidas por alimentos o agua contaminados.

La prioridad en muchos episodios leves es evitar la deshidratación. Las pérdidas de líquidos producidas por diarrea o vómitos tienen mayor importancia cuando, además, las temperaturas son elevadas.

Beber líquidos de manera adecuada resulta especialmente importante en niños, personas mayores y otros grupos más vulnerables a la deshidratación.

No es recomendable utilizar antibióticos por cuenta propia ni recurrir automáticamente a medicamentos para frenar la diarrea sin conocer su origen. El tratamiento dependerá de la causa, la intensidad de los síntomas y las características de cada persona.

Si los síntomas son importantes o persisten, una consulta de Medicina General puede permitir valorar el cuadro y determinar si son necesarias pruebas o un tratamiento específico.

Comer fuera no tiene por qué significar comer peor todos los días

Parte del verano consiste precisamente en romper la rutina. Una comida más abundante, un aperitivo o una cena especial forman parte de las vacaciones.

El problema suele aparecer cuando la excepción se convierte en la rutina diaria.

Comidas muy abundantes, fritos, alimentos muy grasos, alcohol y cenas tardías pueden favorecer pesadez, distensión abdominal o reflujo en algunas personas.

Una estrategia mucho más realista que intentar mantener una dieta perfecta durante las vacaciones es compensar.

Si sabes que vas a realizar una cena más abundante, puedes mantener comidas más sencillas durante el resto del día. Alternar agua con otras bebidas, introducir fruta y verdura, mantener cierta regularidad en los horarios y evitar acostarse inmediatamente después de una comida copiosa son pequeños cambios que pueden facilitar la digestión.

El área de Nutrición de Clínica Wellcare puede ayudar a adaptar la alimentación cuando existen necesidades nutricionales específicas o cuando las molestias digestivas están relacionadas con determinados hábitos.

Acidez y reflujo pueden aparecer con más frecuencia durante las vacaciones

Comer más cantidad de la habitual y acostarse poco después de cenar puede favorecer síntomas de reflujo en personas predispuestas.

La sensación de ardor que asciende desde el estómago, la regurgitación ácida o las molestias después de determinadas comidas pueden aparecer ocasionalmente sin que exista necesariamente un problema importante.

Sin embargo, cuando la acidez se repite con frecuencia, interfiere con el descanso, obliga a tomar medicación de forma habitual o se acompaña de otros síntomas, conviene valorar qué está ocurriendo.

Evitar grandes cantidades de comida de una sola vez, identificar alimentos que desencadenan síntomas en cada persona y dejar cierto margen entre la cena y el momento de acostarse son algunas medidas que pueden ayudar.

No existe una lista universal de alimentos prohibidos para todo el mundo. La tolerancia individual es importante y las restricciones innecesarias tampoco aportan beneficios.

El estreñimiento también puede aparecer cuando cambiamos de rutina

No todos los problemas digestivos del verano tienen que ver con infecciones o comidas copiosas.

Viajar puede alterar también el ritmo intestinal. Cambiamos los horarios, bebemos menos agua de la necesaria, modificamos nuestra alimentación y en ocasiones ignoramos las ganas de ir al baño porque estamos fuera de nuestro entorno habitual.

Mantener una hidratación adecuada, consumir frutas, verduras, legumbres y otros alimentos que aporten fibra y continuar realizando actividad física puede ayudar a conservar un tránsito intestinal regular.

El aumento de fibra debe adaptarse a cada persona y acompañarse de una ingesta adecuada de líquidos. Añadir grandes cantidades de fibra de forma repentina puede aumentar los gases y la distensión en algunas personas.

Cuando el estreñimiento aparece de forma nueva, se mantiene durante semanas o se acompaña de otros síntomas, merece una valoración médica.

Cuidado con intentar compensar los excesos con soluciones rápidas

Después de varios días de comidas abundantes puede resultar tentador recurrir a dietas extremadamente restrictivas, ayunos improvisados, productos detox o complementos que prometen “limpiar” el organismo.

Nuestro sistema digestivo no necesita este tipo de compensaciones.

Resulta más razonable recuperar progresivamente una alimentación variada, una hidratación adecuada, horarios relativamente regulares y actividad física.

También conviene evitar la automedicación continuada. Antiácidos, laxantes, antidiarreicos y otros medicamentos pueden tener indicaciones concretas, pero si necesitamos utilizarlos repetidamente es preferible estudiar por qué aparecen los síntomas.

Algunas molestias digestivas sí requieren valoración

Dolor abdominal, diarrea o acidez son síntomas muy frecuentes y en muchas ocasiones tienen una evolución favorable. Sin embargo, existen circunstancias en las que no deberíamos limitarnos a esperar.

Conviene consultar cuando aparecen:

  • Dolor abdominal intenso o que empeora.
  • Vómitos persistentes que dificultan mantener una hidratación adecuada.
  • Sangre en las heces o vómitos con sangre.
  • Fiebre elevada acompañada de síntomas digestivos importantes.
  • Signos de deshidratación.
  • Diarrea intensa o que no mejora.
  • Pérdida de peso sin una causa clara.
  • Dificultad o dolor al tragar.
  • Cambios persistentes en el ritmo intestinal.
  • Acidez o molestias digestivas recurrentes durante semanas.

La edad, los antecedentes médicos, el embarazo y determinadas enfermedades también pueden hacer recomendable una valoración más temprana.

Ante síntomas graves, deterioro rápido del estado general o signos importantes de deshidratación, debe buscarse atención médica urgente.

Cuando las molestias se repiten, merece la pena buscar la causa

Hay personas que cada verano atribuyen sus molestias digestivas a “haber comido demasiado” cuando, en realidad, llevan meses presentando síntomas intermitentes.

Dolor abdominal recurrente, reflujo frecuente, cambios persistentes en las deposiciones o dificultad para realizar determinadas comidas pueden requerir un estudio más detallado.

La valoración inicial permite decidir si son necesarias analíticas, pruebas de imagen, estudios específicos o una exploración del aparato digestivo.

En determinadas situaciones, el especialista puede indicar una gastroscopia para estudiar directamente el esófago, el estómago y la primera parte del intestino delgado. Esta prueba no es necesaria ante cualquier molestia digestiva y debe realizarse cuando exista una indicación médica.

Contar con una valoración profesional evita tanto realizar pruebas innecesarias como normalizar síntomas que llevan demasiado tiempo presentes.

Disfruta del verano sin convertir cada comida en una preocupación

Cuidar el estómago durante las vacaciones no debería significar contar cada caloría ni renunciar a una comida especial.

Los hábitos que más ayudan suelen ser bastante sencillos: conservar correctamente los alimentos, beber suficiente agua, mantener algo de actividad física, no encadenar comidas excesivamente abundantes durante varios días y prestar atención a los síntomas que se repiten.

También es importante diferenciar una molestia ocasional de un problema que necesita estudio.

Si tienes problemas digestivos recurrentes, diarrea que no mejora, reflujo frecuente, dolor abdominal u otros síntomas que interfieren con tu día a día, puedes realizar una primera valoración en Medicina General de Clínica Wellcare. Según los síntomas, el profesional podrá orientar el estudio y valorar la necesidad de acudir a otras especialidades o realizar pruebas diagnósticas.

Clínica Wellcare dispone de centros médicos en Parla e Illescas, además de su centro de Getafe. Consulta la disponibilidad de cada especialidad y pide tu cita para realizar una valoración.